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Creación y juego

Voy a compartir una comparación entre proceso creativo y juego, fantasía y sueño que me ha parecido bonita. De Freud.

Dice Freud que el poeta (extiéndase a…..)  se conduce como un niño cuando juega. Al jugar, los niños se crean un mundo propio, situando las cosas y las personas en un orden nuevo, grato para ellos. El poeta/escritor (extiéndase a…) hace lo mismo que un niño que juega: crea un mundo fantástico y lo toma muy en serio. Se siente íntimamente ligado a él, aunque sin dejar de diferenciarlo con la realidad.

El hombre, al crecer y dejar de jugar, se refugia en la fantasía, con sueños diurnos, con ensoñaciones. Los deseos insatisfechos son las fuerzas que impulsan las fantasías, y cada fantasía es una satisfacción de un deseo, una rectificación de la realidad insatisfactoria.

Por último, Freud dice que en el quehacer poético se da una separación entre imaginación y pensamiento racional, al igual que en la neurosis (qué miedo…).  Muy freudiana (y tranquilizadora) es su conclusión al respecto: en las obras se da una cura psicoanalítica, pues se hace consciente lo inconsciente. Al hacer consciente lo que el inconsciente reprime se produce una cura. Al igual que al reprimirlo genera enfermedad.

Pues eso, a escribir (extiéndase a….)

La ducha

A mí no me suele gustar compartir ducha. Es mi espacio, es mi momento, y sobretodo, soy intransigente con la temperatura del agua, y no es mucha la gente que soporta las temperaturas que son buenas para mí.

El sábado me estaba duchando tan a gusto con mi agua hirviendo, cuando aparece un pequeñito desnudo por la puerta diciendo “mamá, es que me quiero duchal contigo”.

Le dije que de acuerdo con fastidio interno. A Miguel es difícil negarle un sí. Pero no tenía ni la más mínima intención de bajar la temperatura. Va a aguantar dos segundos, y después se irá. Pero veo que  eso de tomarme tan en serio lo de criar tipos duros se está volviendo en mi contra, porque  el tío ni se inmutaba; estaba tan feliz escaldándose conmigo. Así que ahí estábamos compartiendo chorro, cuando de pronto se puso a jugar con un vasito de plástico. Jugaba a regatearlo con los pies. “Mamá, ¿a que no me lo quitas?”

Lo primero que salió de mí fue el prudente sermón de madre, así que muy en mi papel le dije: “No Miguel, no podemos jugar a los regates en la ducha, es peligroso y nos podemos caer. ” Pero lo veía tan entusiasmado con el vasito, e iba a ser tan sencillo quitárselo… Después de todo, ¿cómo decir no? Me estaba retando el muy mocoso. Así que sin darme cuenta, empecé a quitarme años de encima, miré a la alfombrita antideslizante como diciéndole “confío en tí”, y nos pusimos a jugar al fútbol con el vaso, a regatear, y a hacernos faltas sin árbitro que mediase, todo valía a fin de conseguir la posesión del vaso-balón.

Pero de verdad no fui consciente de que en ese momento ya no tenía treinta años sino tres, cuando, en lugar de estar preocupada por si el pequeño pegaba un resbalón y se lastimaba,   me sorprendí pensando “como nos caigamos y nos pillen, me va a caer una bronca…”. Y no obstante, pudo más el embrujo de las carcajadas de Miguelito, y seguimos jugando alegremente. Total, no se tienen tres años todos los días. Benditas regresiones.

Cosas personales

Quierodormir me ha convocado para un meme.  Me pilla ya un poco aburrida de ellos, y me he creado mis propias normas: sigo sólo los que me apetece, y corto la cadena, asumiendo el riesgo de que la mala suerte me persiga por los siglos. He decidido vivir con ello, al igual que he decidido hacerlo sin seguro de vida. Yo soy así, me gusta vivir al límite.

Este meme en cuestión tiene las siguientes reglas, que por supuesto yo adaptaré a las mías:

“Los abajo nominados deberán sacar una foto de al menos CINCO útiles que definan su estilo o personalidad. Queda descartada la ropa interior, salvo la explícitamente erótica, claro está. Tampoco podrán ponerse complementos demasiado evidentes: bolsos, zapatos, collares o cinturones. Tampoco valen los materiales fungibles: pañuelos de papel, toallitas, preservativos o similares. Cada uno de los encadenados deberá encadenar a un mínimo de CINCO blogs y siempre hará referencia a un servidor y su blog como ideólogo de esta idiotez….”

He decidido colgar las fotos porque es original, y porque quien me convocó sentía curiosidad. Dicen que la curiosidad mató al gato…

Dijo también que lo veía como un juego, y me gustó esa forma de verlo.

Dijo también que le haría ilusión.

Y después del prólogo, ahí van mis fotillos:

Con el número 1:

La puerta de mi nevera

La puerta de mi nevera

Esta es la puerta de mi nevera. Está absolutamente llena de cosas, salvo un imán de nevera, ninguna mía: el menú del cole, dibujos de los niños, pegatinas de las naranjas que pegó Rubén… pero me gusta. Creo que es muy simbólico.

Con el número 2:

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Te quiero un huevo

Esta balda me encanta. La pinté yo misma. No suelo ser muy manitas, así que para una cosa que hago… También está una de mis plantitas. Y la única sartén que me hizo ilusión que me regalaran…. Eso sí, sigue sin estrenar.

Con el número 3:

Mi ventana al mundo

Mi ventana al mundo

El mueble de mi ordenador. Como es horrible, y está en el salón, personalicé el lateral. Ahora me gusta mucho más.

Con el número 4:

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El secreto mejor guardado

¿Qué guarda una mujer en el bolso? ¿Una mujer como cuál? ¿Como yo? Pues paso a descubrir el secreto mejor guardado: el tabaco, la cartera, unos guantes, pañuelos, sacarina, gafas de sol, las llaves, un moleskine, la cartera, el móvil…

Siento haber desmontado el mito con algo tan prosaico, pero es lo que hay…

Y con el número 5:

La cama y la guitarra

La cama y la guitarra

Quería hacer una foto del lugar que ocupa mi guitarra. Porque para mí es importante. Pero al final he dejado también la cama porque… qué coño!¡también es importante!.

Por supuesto no convoco a nadie. Si alguien lo lee y le apetece jugar no tiene más que hacerlo sin más. Y con esto queda estrenada mi categoría “cajón desastre“.

Cosas de Pablo (II)

Un día, como otro cualquiera, llegué de trabajar y le pregunté qué tal el cole. Ese día estaba pletórico y me empezó a contar en voz muy alta (como hace siempre que se emociona, qué volumen!) que habían ido unos policías al cole a darles unas clases de educación vial. Que le habían dado un carnet de policía, que habían hecho un teatro. Que habían hecho un juego de preguntas al final, un chicos contra chicas.
-Y ¿quén ganó?
- (en voz baja) Las chicas…
- Ay hijo, es que las chicas son muy listas.
- Jo qué morro, yo también quería.
- El qué, ¿ser chica?
- No, ¡Ser listo!

 Agosto 2007