Reflexiones

Entradas clasificadas como ‘Reflexiones’

Magia e Ilusionismo

5 Marzo, 2010 · 2 comentarios

Mark Wilson, en su libro “Curso de magia”, narra, entre otras cosas, qué ha hecho la magia por él. Cuenta que en la escuela era un chico tímido, poco corpulento, no muy bueno en los deportes…. sentía que era una persona intrínsecamente poco talentosa, que nadie le odiaba pero que no parecía gustarle tampoco a nadie, y que apenas tenía vida social. Entonces vio una actuación de magia y quedó fascinado. Consiguió libros y se puso a aprender trucos sencillos que puso en práctica para sus compañeros de clase. De pronto todos comenzaron a juntarse a su alrededor… su magia les gustaba. Continuó aprendiendo nuevos trucos, y en la universidad le invitaban constantemente a fiestas y siempre estaba rodeado de gente entusiasmada con sus actuaciones. De modo que llegó un momento en el que se dijo que todos le querían porque era un tipo fabuloso, y que ya no necesitaba la magia.

Pero no fue así. Mark cuenta que tan pronto como dejó de actuar para sus amigos, volvió paulatinamente a, de nuevo, quedarse solo. Y cuenta también que aprendió la lección, y que nunca más apartó la magia de su vida, y que ésta siempre le ayudó a ser exitoso, incluso en el momento en el que escribe el libro, en que declara ser un abuelo feliz, el favorito de sus nietos gracias a sus trucos.

A mí esto me ha hecho pensar varias cosas. La primera de ellas es si de verdad ser intrínsecamente talentoso es garantía de ser querido. Bueno, sí, sí que lo es. Pero de la misma forma en que lo es la magia.  Con truco. Si la gente que está a mi alrededor me quiere porque soy un gran jugador de fútbol, porque hago unos dibujos excelentes, porque tengo una inteligencia deslumbrante, porque soy un virtuoso de la guitarra, porque soy un gran profesional en lo mío,  en el momento en el que deje de hacer aquello por lo que me quieren, dejarán de quererme. Porque no me quieren esencialmente a mí, sino a mis habilidades. Y me hizo pensar en la trampa que supone el buscar desesperadamente el cariño, la admiración, el respeto, y, más íntimamente, satisfacer la necesidad de afecto o amor de esa forma. Porque me da la impresión de que está muy alejada de tener que ver con la felicidad.

También me ha hecho pensar en la magia en sí. La magia de la que habla Mark es aquella con la que se nos muestran sucesos maravillosos.  Para ello utilizan conocimientos acerca del funcionamiento de la mente humana que posibilitan con ciertos trucos o trampas, el crearnos una ilusión. Porque en realidad no ha sucedido nada maravilloso. En realidad nadie ha levitado, en realidad no cortaron en dos a la mujer, en realidad no cortaron la cuerda, en realidad no convierten papelitos en billetes de curso legal, en realidad no son capaces de hacer desaparecer nada, o de hacerlo aparecer. Esa magia no existe. Es sólo una ilusión. Y me parece que apoderarse del término magia es prostituirlo. Llamadlo ilusión, no lo llaméis magia.  Porque yo sí creo en la magia, pero en la de verdad, en la que existe. Aunque a quienes la practiquen no se les llame magos, y sean personas con apariencia normal. Que no llevan chistera, ni salen por la tele, ni se suben en escenarios, ni se sirven de ella para buscar reconocimiento. Que es sutil. Pero es. Y yo lo sé, porque la veo constantemente a mi alrededor.

Creo en la magia de una sonrisa que tiene el poder hacer luz, de miradas que leen el pensamiento, de la amistad que transforma una oficina en sala de estar, de abrazos que hacen desaparecer la tristeza, de generosidad que hace aparecer la esperanza, de personas que dejan tras de sí un mundo más humano, más fácil, mejor. Y quizá practicar esta magia sí esté más cerca de la felicidad. Y del amor. Porque no hay trucos en ella. No es interesada. No es un medio. Es un fin.

Categorías: Reflexiones
Etiquetado: , , , , ,

Jugar al Monopoly

15 Febrero, 2010 · 2 comentarios

El viernes por la tarde Pablo se empeñó en jugar al Monopoly. De modo que aunque estábamos sólo él, Miguel y yo empezó la partida. La cosa se convirtió en un duelo, porque Miguelito hacía poco más que tirar los dados y mover las fichas. El caso es que empezamos a comprar nuestras calles, y mantuvimos la situación equilibrada. Sin construcciones, sin grandes inversiones, sin casas, sin hoteles… sin nada que hiciera que el contrario tuviera que abandonar la partida debido a una bancarrota.  Y me di cuenta que de seguir así podríamos continuar jugando toda la vida. Y probablemente así habría sido si Miguel, después de dos horas tirando los dados, no hubiera dicho  “mamá, es que ya me estoy aburriendo…”

La cosa es que me dio por pensar en lo absuro del empeño por ganar en un juego haciendo que para ello otros jugadores se queden fuera. Me dio por pensar en el Monopoly como una pequeña metáfora del mundo.

Categorías: Niños · Reflexiones
Etiquetado: , , , , , , , ,

La paradoja

5 Febrero, 2010 · 1 comentario

Es curioso lo sumamente felices que nos hace sentirnos únicos en el mundo. ¿Y quién no ha hecho alguna vez una reflexión, o generado una opinión, o tenido un pensamiento realmente original y no se haya sentido feliz por lo que eso implicaba, el ser diferente y único entre todos los demás seres?

Entonces ocurre algo insólito, y es que un día, compartiendo esa idea, ese punto de vista, esa opinión, aparece una persona que piensa exactamente lo mismo. Y, a pesar de que pudiera parecer irracional-o a pesar de que lo sea-   ese momento es  un éxtasis, y el cuerpo se sacude con otra felicidad diferente,  la de sentirse en comunión con alguien, formando parte de algo. La de no estar solos, no ser solos.

Y a veces me paro a pensar en lo contradictorio que resulta que precisamente esa conexión que nos roba la sensación de ser únicos en el mundo no nos arrebata la felicidad primera, sino que la multiplica.

Y pienso en lo difícil que resulta el equilibrio con esta naturaleza nuestra tan compleja, que nos empuja a vivir armonizando permanentemente necesidades tan opuestas como lo son el YO y el NOSOTROS.

Categorías: Reflexiones
Etiquetado: , , , ,

Bien… con puntos suspensivos. (Acerca de la importancia)

26 Enero, 2010 · 6 comentarios

El otra dia, hablando con mi amiga Reich, me hizo una pregunta que aparentemente no debería llamar mucho la atención. ¿Y tú qué tal? Y contesté algo que aparentemente no debería llamar mucho la atención. Bien. Ese bien ha sonado a bien con puntos suspensivos, me dijo. Dejémoslo en bien con puntos suspensivos, contesté.Y así lo dejamos.

Pero al cabo de un tiempo de conversación, mi amiga volvió a los puntos suspensivos. Bueno, volvamos a tu bien con puntos suspensivos. ¿Quieres borrar ya esa sonrisa e ir a lo importante?

Lo importante… Eso me hizo pensar. ¿Qué es lo importante? ¿Son las cosas o hechos importantes por sí solos? ¿O son importantes en la medida en que lo son para mí? De modo que debería replantear la pregunta:  ¿a qué le doy yo importancia? ¿A qué quiero darle importancia? ¿Al bien o a los puntos suspensivos? Y me di cuenta de que era algo sobre lo que yo podía actuar. Las cosas, los hechos, las emociones, no son nada por sí solas. No son buenas o malas, importantes o insignificantes. Soy yo la que las doto de valoración. Una parte de esa valoración es asignada de forma irracional, y viene dada por las emociones que suscita el hecho en cuestión. Pero otra parte en esa dotación de valor depende de mi forma de vivirla, de la racionalización y del control de esas emociones. Luego la importancia, lo que es o no importante, no depende de nada más que de mí.

Eso me hizo sentir más fuerte y más libre  frente a puntos suspensivos.  No se trata de negarlos, o de fingir que no existen. Existen. Pero tengo un margen a la hora de asignarles  importancia.

De modo que hice mi elección, y priorizando temas por orden de importancia, los puntos suspensivos se quedaron fuera.

Categorías: Reflexiones
Etiquetado: , , , ,

Guapa

22 Enero, 2010 · 4 comentarios

Hoy Miguel me ha dicho “mamá, ¿sabes por qué eres guapa?” Y yo le he contestado “¿por qué?”, y me ha contestado “porque te quiero, por eso eres guapa.”

Y así, con cuatro años, Miguel me ha contado con la naturalidad de quien está llegando a un razonamiento elemental,  el verdadero secreto de la belleza. O uno de tantos secretos de amar. La subjetividad.

Categorías: Niños · Reflexiones
Etiquetado: , , ,

Corazón y cabeza

21 Enero, 2010 · 1 comentario

Ayer, buscando un ensayo interesante para mis hipotéticos alumnos, cogí Ideas y creencias de Ortega y Gasset. Y encontré  “Estudios sobre el corazón” subrayado por mí, trece años atrás. Había marcado lo siguiente:

1. Corazón y cabeza

“La cultura ha progresado, se dice. Falso, falso. Eso no es la cultura, es sólo una dimensión de la cultura, es la cultura intelectual. Y mientras se progresaba tanto en ésta, mientras se acumulaban ciencias, noticias, saberes sobre el mundo y se pulía la técnica con que dominamos la materia, se desatendía por completo el cultivo de otras zonas del ser humano que no son intelecto, cabeza: sobretodo, se dejaba a la deriva el corazón. (…)

(…) En el Renacimiento, dominaba plenamente el intelectualismo: todo lo bueno se esperaba de la cabeza. Hoy, en cambio, comenzamos a entrever que esto no es verdad, que en un sentido muy concreto y rigoroso la raíces de la cabeza están en el corazón. (…)

(…) Todo lo que haya en nosotros que no sea conocimiento supone a este y le es posterior. Los sentimientos, los amores y los odios, el querer o no querer suponen el previo conocimiento del objeto. ¿Cómo amar lo ignoto? ¿Cómo desearlo?(…)

(…) Pues bien, yo me pregunto: ¿Amamos lo que amamos porque lo hemos visto antes o en algún serio sentido cabe decir que vemos lo que vemos porque antes de verlo lo amábamos ya? (…)

(…) Para ver, en suma, es preciso fijarse. Pero fijarse es precisamente buscar el objeto de antemano y es como un preverlo antes de verlo. (…) La atención no es otra cosa que una preferencia anticipada. (…)

(…) No somos, pues, en última instancia conocimiento, puesto que éste depende de un sistema de preferencias que más profundo y anterior existe en nosotros. Una parte de ese sistema de preferencias nos es común a todos los hombres, y gracias a ello reconocemos la comunidad de nuestra especie, y en alguna medida conseguimos entendernos; pero sobre esa base común cada raza y cada época y cada individuo ponen su modulación particular del preferir, y esto es lo que nos separa, nos diferencia y nos individualiza, lo que hace que sea imposible comunicar enteramente con otro. (…) Las almas, como astros mudos, ruedan las unas sobre las otras, pero siempre las unas fuera de las otras condenaddas a perpetua soledad radical.  Al menos, poco puede estimarse a la persona que no ha descendido alguna vez a ese fondo último de sí misma, donde se encuentra irremediablemente sola.”


Y me emocionó sentirme tan identificada en esencia conmigo misma y de  una forma tan íntima.

Ya tengo texto para la clase.

Categorías: Reflexiones
Etiquetado: , , ,

Incluso sin peonza

18 Enero, 2010 · 3 comentarios

Para pablo. Por si se le olvida. Para mí, para cuando se me olvida. Para todo aquel que tenga problemas de memoria y le pueda venir bien.

Esta tarde has llegado del cole  hecho una furia porque no te había comprado una peonza.  Te encerraste dos horas en tu habitación llorando,  y te perdiste tu clase de guitarra, que suele ser tu aliciente de los lunes.

Después saliste de la habitación, te pusiste a estudiar, y  repasamos juntos. El universo, el sistema solar, la Tierra, la hidrosfera, la litosfera, la atmósfera,  los continentes, los océanos, los minerales… y nos reímos. Y lo pasamos bien.  Incluso sin peonza.

Más tarde cenamos y bailamos con música, y leímos juntos tus notas en el Twenty, y un capítulo de Pablo Diablo.  Y estábamos contentos. Y lo pasamos bien. Incluso sin peonza.

Cuando fuimos a leer te pregunté por la peonza. Y te dije que invertías más tiempo en lamentarte por lo que no tenías que en disfrutar lo que sí.  Un día me habías dicho que lo más importante era ser feliz…. Hoy es una peonza, mañana será otra cosa, y pasado otra…  es imposible poseerlo todo. La felicidad que te va a proporcionar la peonza va a durar hasta que aparezca otra cosa.  ¿Te lo has pasado bien esta tarde? . ¿Incluso sin peonza? Sí. ¿Y de qué depende ser feliz entonces, de la peonza o de tí? De mí. Pues que no se te olvide, Pablo, depende de tí.

Categorías: Niños · Reflexiones
Etiquetado: , , , ,

Feliz Navidad

23 Diciembre, 2009 · 3 comentarios

El alma de un niño no es el que escribe una lista de regalos, ni adorna un árbol, ni mira boquiabierta las calles llenas de luces. El alma de un niño es la inocencia que permite mirar el mundo con otros ojos, la capacidad para ilusionarse, y sobretodo la capacidad para soñar. Los niños sueñan vivir aventuras, viajar al espacio, volar en un globo, crear inventos maravillosos, ser estrellas de cine, futbolistas… sueñan ser valientes, ser especiales, ser únicos. Sueñan que pueden hacer un mundo feliz. El alma de niño no tiene color, está hecha de sueños, y todos esos sueños están al alcance de su mano, no tienen límites. Los límites son inventos adultos. Los adultos inventamos dónde está la línea que separa lo posible de lo imposible, donde lo posible suele ser lo sencillo, y lo imposible lo difícil. Y más allá de esa línea no intentamos nada. Entonces, el alma de niño, aburrida por estar encerrada en un cerco tan pequeño, se duerme… Pero, ¿y si pudiéramos despertar ese alma de niño? ¿y si no se hubiera perdido para siempre? ¿y si de pronto traspasáramos esa línea y descubriéramos lo que hay más allá de ella? ¿y si hiciéramos que lo imposible fuera posible con el alma que un día tuvimos, y que no caduca cuando termina la Navidad?

Categorías: Reflexiones
Etiquetado: , , , , ,

Caminando sin el hemisferio derecho parte II

22 Diciembre, 2009 · 3 comentarios

Me han pasado el siguiente vídeo.  Merece la pena tomarse un rato y escucharlo. Es un gran orador, y además gracioso, pero lo que cuenta es tremendo. Me podría haber ahorrado el esfuerzo de escribir lo de ayer

Estoy convencida de que todo está relacionado. El desequilibrio, el no recibir una educación integral, el explotar sólo aquello que nos puede permitir conseguir medios económicos, el perder dimensión humana, las dificultades para la felicidad…. todo.

Categorías: Reflexiones

Caminando sin el hemisferio derecho

21 Diciembre, 2009 · 12 comentarios

El hemisferio izquierdo se especializa en el lenguaje articulado, control motor del aparato fono articulador, manejo de información lógica, pensamiento proporcional, procesamiento de información en series de uno en uno, manejo de información matemática, memoria verbal, aspectos lógicos gramaticales del lenguaje, organización de la sintaxis, discriminación fonética, atención focalizada, control del tiempo, planificación, ejecución y toma de decisiones y memoria a largo plazo. Los test de inteligencia miden sobre todo la actividad de este hemisferio.

El hemisferio derecho es un hemisferio integrador, centro de las facultades viso-espaciales no verbales, especializado en sensaciones, sentimientos, prosodia y habilidades especiales; como visuales y sonoras no del lenguaje como las artísticas y musicales. Concibe las situaciones y las estrategias del pensamiento de una forma total.

Fuente: Wikipedia

Es curioso cómo desde pequeños se nos estimula para desarrollar las habilidades de las que se encarga nuestro hemisferio izquierdo. En el cole las asignaturas importantes son mates y lengua, y las marías educación artística y música.  La creatividad ni se fomenta ni se valora, las sensaciones no se tienen en cuenta, y  nadie enseña nada acerca de  sentimientos y emociones. Y así, desde pequeños, se nos va enseñando lo que nuestra cultura considera importante y lo que no lo es.

Hoy, hablando con mi amiga raquel, en un momento dado me ha dicho algo así como que las notas del cole son la forma de valorar el trabajo de los niños, así como el dinero es la forma de valorar nuestro trabajo cuando somos adultos.

¿Y qué tipo de trabajos son los que se valoran? -que traducido al contexto del día a día-  ¿con qué profesiones se gana mucho dinero?

Se pueden hacer muchas listas en la cabeza, pero las conclusiones vienen a ser las siguientes: la sociedad valora aquellas profesiones que son capaces de generar dinero. Un broker, un abogado, un ingeniero, un comercial,  un investigador… todos ellos cobrarán en función de su capacidad para generar beneficios económicos. Eso es lo que se valora.

¿Y qué trabajos se pagan peor? ¿Qué trabajos están mal valorados? ¿Qué pensarías si tu hijo te dijera que quiere ser puericultor? ¿O asistente en un geriátrico? ¿O psicólogo clínico? ¿O enfermero? ¿O trabajador social? ¿O maestro? ¿O peor incluso, músico?

“Hijo, te vas a morir de hambre….”

Otro de los grandes argumentos que se esgrimen es la cantidad de inteligencia que hace falta para adquirir una determinada cualificación.  Es que una ingeniería es muy difícil. Ciencias exactas son muy difíciles.  Luego si consigues estudiar algo así, ya no sólo eres merecedor del reconocimiento por tu posible capacidad para generar ingresos, sino también por tu capacidad intelectual, sobradamente demostrada  habiendo sido capaz de estudiar determinadas carreras universitarias. Pero me pregunto si no es también muy difícil quizás, trabajar día y noche con un niños que sufren parálisis cerebral, y hace falta darles la comida, limpiarles las babas, cantarles, darles la mano, estimularlos, abrazarlos, acariciarlos. No hace falta probablemente tener unos grandes conocimientos técnicos, pero sí  una gran  sensibilidad hacia el ser humano. Esa sensibilidad no tiene reconocimiento social, ni valoración económica.

Recuerdo el día en que me operaron de miopía. No era una operación complicada, pero lo cierto es que llegado el momento estaba nerviosa. Una enfermera me estuvo acompañando, y me habló de sus hijos y de otras muchas cosas. ¿Estás nerviosa? -me preguntó ella. No -mentí yo. Después me explicó lo que iba a ocurrir. Tú sobretodo no te muevas cuando te lo indique el doctor. ¿Y si me muevo sin querer? No te vas a mover, no te preocupes. Entonces me pasaron a quirófano, me pusieron unas gotas, se me tensaron todos los músculos de mi cuerpo, me pusieron el láser sobre los ojos, y escuché una voz, que debía ser la del médico e indicaba la llegada del momento crítico “no se mueva”. Entonces alguien me cogió la mano y  la estrechó, como habría hecho mi madre, y yo la tenía helada, y ella caliente. Y lo cierto es que si bien quedé muy agradecida al médico que me intervino y que me dejó tan bien, sin mis gafas, y sin mi miopía… lo que más recuerdo de ese día fue la mano de aquella enfermera que estrechó la mía para calmarme y acompañarme. Se trataba de algo sencillo, de algo que no se estudia, de algo que se lleva dentro y que probablemente sea lo que te empuja a escoger una profesión en la que prima el saber tratar a las personas como personas, el saber comprender, el cariño o la empatía.

“Hijo, te vas a morir de hambre…” pero hijo, adelante, y salva al mundo de su desequilibrio entre hemisferios, mata las marías, pon más lógica en la humanidad, y sobre todo más humanidad en la lógica, llénate de dignidad dignificando, y pon un poco de tu sensibilidad en la deformada escala de valores que nos mueve y nos condena a ser más productivos y menos hombres.

Categorías: Reflexiones
Etiquetado: , , , , , , , ,