No recuerdo cuándo fue la última vez que limpié el cajón de los calcetines entero. Normalmente me limito a los calcetines. Pero hoy he levantado el papel del fondo y te he encontrado. Hoy. Y aprovechando que nos vemos te confesaré que aunque te guardé allí, lo que en su día me pidió el cuerpo fue haberte empleado como forro para mi acerico. Ya con las vísceras templadas miro tu rostro, todo quieto y callado, y voy a aprovechar para hablarte honestamente. Con las vísceras templadas y puesta a elegir, ya que estás tan quieto y callado, te puedo contar que te miro y te pienso como me habría gustado que fueras, -sin opción de réplica te facilito el no estropearlo con lo que eres- . Pero claro, ahora que te he reconstruido entero, y te he creado a imagen y semejanza mía, empiezo a sentir alfileres hundiéndose despacio en mi cuerpo que sí responde, y en respuesta sale hiel reclamándote de nuevo para el acerico, en legítima venganza por no ser más que una puta foto ahora que eres perfecto. Así que ya ves, mira que lo intento. Lo intenté cuando dormíamos en la misma cama, cuando tenías tres dimensiones y un corazón que servía para latir, y lo intento ahora que eres un recuerdo en el cajón de calcetines. Pero ni de una forma ni de otra evitamos desencontrarnos. Aunque sería más preciso decir que jugamos al desencuentro. Y eso que no tienes derecho de réplica. Tenemos para eso un don, el de deshacer incluso lo que nunca hicimos. Y ahí ya me acerco a la verdad que hemos estado evitando, la responsable de que ambos seamos acericos. Esto no es un reencuentro, ni un desencuentro. Querríamos que pudiera serlo, pero da igual lo cerca que vivamos, durmamos o respiremos, tú y yo no tenemos opción al reencuentro, ni tan siquiera al desencuentro. Porque en contra de lo que hubiéramos querido, y de lo mucho que nos esforzamos en forzarlo… nosotros nunca llegamos a encontrarnos.
http://antesdequesevaya.wordpress.com/
Desde dentro, volcándolo todo afuera. Uff
Me encantó…