Soliloquio psi. Por una cabeza.

Hoy ha sido un día de esos en los que habría venido bien un obrero que me dijera ¡guapa!, o que hubiera podido ser digerido junto con una tableta de chocolate. Sin embargo lo primero en los días como hoy está más bien complicado, porque con toda esa pesadumbre en los hombros no creo que nadie hubiera sido capaz de llamarme tal. Ni siquiera un obrero. Es como cuando voy un día a trabajar sin el ojo pintado. Aunque en realidad eso es peor, porque no es que entonces no me diga nadie nada, ojalá, es que lo que oigo es Patricia, ¿has dormido mal esta noche?. O peor aún ¿estás enferma? No, es mi cara. La de verdad.

El otro día estaba con mi hermana comprando ropa interior y nos detuvimos ante una gran foto en la que anunciaban unas bragas que levantaban el culo. Bueno, eso ya es demasiado, no?¿Es que todo es mentira? A lo que mi hermana me contestó enumerando: maquillaje, ropa, tacones, sujetador … ¿qué más da algo más? ¿dónde está el límite? Entonces supe que mi límite está en las bragas que levantan el culo. Y al terminar de contarle la anécdota a mi amigo Manu, mientras él me miraba sonriendo, le pregunté que por qué los hombres no engañaban con nada. No sé, me dijo, supongo que porque de donde no hay no se puede sacar. No sé exactamente si lo dijo en el sentido físico o en el intelectual. Pero dejé de pensar en ello mientras me preguntaba: ¿pero te compraste las bragas o no? No, soy una mujer de principios, y si digo que ese es mi límite es que lo es, o al menos hasta que los modifique.

Lo del intento con el chocolate fue bastante más ligero de lo previsto, con el café me suelen regalar una chocolatina que suelo descartar. Pero hoy no descarté nada. Me la comí aún a sabiendas de que la pesadumbre no se iba a mover de sitio. Es otro de esos intentos inútiles, y que se saben inútiles de antemano, de sacarse un mal día de encima. Éstos se suelen ir cuando llega el siguiente.

El otro día estuve comprando tés por internet. Nada de té de bolsita cómodo de supermercado. Sino de esos exóticos importados que venden a granel, para preparar en una bonita tetera, con agua hirviendo y tiempos de reposo. Creo que más que el té me llama la atención el ritual. Como el del tabaco de liar, al que me he hecho asidua en los últimos meses. Tengo últimamente una cierta tendencia a introducir rituales en mi día a día. Y no me estoy volviendo mística ni nada por el estilo. Me pregunto el por qué. Quizás porque necesito ese contraste de dedicarle el tiempo y la atención necesaria a un determinado acto. Todo lo contrario de lo que suelo hacer a lo largo del día. Y en estos momentos me viene a la cabeza el momento de regreso del trabajo, cuando voy con el bolso, la bolsa del tupper, entro en el supermercado, compro el pan y otras cuatro cosas, para las que no cojo cesta porque no me voy a entretener, pero al final siempre me entretengo, y llego a la cola de las cajas haciendo equilibrios con esas cuatro cosas que se han convertido en diez, y lo pongo todo desordenado en el mostrador, y tardo en meter el cambio en el monedero que no cierra, y el de atrás está esperando, y me pongo nerviosa y lo guardo todo sin cerrar en el bolso donde se me desperdigan todas las monedas, y el ticket de la compra, que se junta con los otros muchos que hay arrugados al fondo de ese saco sin fondo. Pues eso, qué menos que después dedicar unos minutos a un algo.

Y el té está de camino, pero no tengo tetera. Que pensaba haberla dejado para marzo, que febrero era mi mes del ahorro. Pero otra forma inútil de alegrar un día tonto es ir de compras. De modo que fui, y me enamoré de una tetera japonesa de hierro templado, que además estaba a mitad de precio. Así que me pareció perfecta para un mes del ahorro, que me está saliendo por cierto, caro de narices.

Y he llegado a casa intentando encontrar más explicaciones al por qué de los rituales. Allí, sin más, se me ha olvidado que tenía el día tonto. Es complicado acordarse de ello mientras le doy un puré a Miguel subido a mis hombros, o mientras Pablo me pide una vez más que le apunte a clases de informática, a la que confesó que iba de vez en cuando invitado por sus amigos.

De pronto en un anuncio la volví a escuchar. La tocaba con un acordeón un hombre todas las tardes a las siete a la salida de mi oficina. Y yo volvía a casa tarareándola en voz alta como si anduviese sola. Pero como este mes salgo a las seis no había podido escucharla. Debía andar con mono. A los pocos minutos me la había bajado Rubén con el emule. Y ahora que sí que tengo tiempo para acordarme, me doy cuenta de que no tengo de qué. Así que ya ves, Patricia, que no hace falta, para acabar con un día tonto, necesariamente esperar al siguiente. ¡Guapa!


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8 Respuestas a Soliloquio psi. Por una cabeza.

  1. Ejem… ¿no engañan?… jijiji, ¿no recuerdas eso de meterse un calcetín en los huevos?…

    De todos modos, si compras té a granel… niña mucho mejor en una tienda, un mercadillo que por internet… así eliges en función de aromas, para mi eso es todo un ritual (y aunque tengas poco tiempo)… cómo estás incluyendo rituales… ¡¡una sugerencia!!

    Un beso ;)

  2. Al leerte me vinieron a la cabeza unas palabras que me dijo mi sicólogo el último día que nos vimos y donde me puso unos deberes de los que ya hablé.
    Me dijo: “tienes que hacer lo imposible porque todos los días saques media hora todos los días para ti, para hacer algo de lo que más te guste, lo que sea, vale todo, pero que te guste a ti, no a los demás.
    Es posible que con tus rituales tú ya lo estés consiguiendo.

  3. Yo no soy obrero, pero con la barba de varios días y una camiseta sucia (que llevo ahora) puedo pasar por uno (siempre y cuando no me den una llana, que entonces me delato) te digo: “Guapa!!”

    En cuanto a lo del calcetín… Nynaeve, no sé si has conocido a alguien que lo haga, pero eso es patético. Yo tenía un compañero en el instituto que se metía pañuelos y una vez se le salieron por la pernera del pantalón y, en fin, fue su muerte social…

    Y los rituales son importantes, supongo que nos permiten estar cómodos. Todos necesitamos nuestra rutina, supongo. Aunque ahora no caigo en cuales pueden ser mis propios rituales…

    Ese tango es, junto con cambalache, uno de mis favoritos. La escena de esencia de mujer es mítica…

    Espero que el fía de hoy sea uno de eses días diametralmente opuestos al día de ayer…

    Un beso

  4. Susana, tomo nota de la sugerencia, hacer también de la compra del té un ritual. De todos modos… qué sería de la vida sin riesgos? :-)

    Juan, creo que discrepo. Una cosa es dedicarte un tiempo a tí mismo, en algo que te gusta, que en mi caso podría ser, por ejemplo, escribir aquí. Y otra cosa el dedicarle tiempo y atención a los acontecimientos del día a día. Esto último es lo que es para mí un ritual, y una forma de filosofía. Es una forma de hacer que algo rutinario y nimio como preparar un té, se convierta en ceremonia, en algo preparado con esmero. Creo que es una forma de darle importacia a pequeños quehaceres, a pequeños momentos. Es una forma de aprender a valorar. Por otra parte, si bien es necesario encontrar un espacio propio, algo que hacer sólo por y para uno mismo, creo que el secreto no está ahí, sino en querer las que se hacen, tanto las que se hacen para uno como las que se hacen para los demás, intentando quitar esa sensación de obligatoriedad. Lo que se hace por los demás por voluntad propia, con libertad y convencimiento, resulta tanto o más gratificante que lo hecho por uno mismo. Y vaya chapa que acabo de soltar. Sorry.

    Kike, muchas gracias!!! Y sí, el día de hoy es bastante más listo ;-) Un beso

  5. Supongo que los rituales nos dan seguridad, además de cierto placer, yo no lio cigarrillos, pero el prepararme un té me encanta, y como me lo tomo sola me lo preparo doble, para sacarme la tetera con la taza y el azúcar moreno. Un té negro con briznas de vainilla (yo en eso del té también soy caprichosa, no me vale de bolsita).
    Y tu momento supermercado me ha hecho soltar la carcajada, porque es igualito igualito al mío (sobre todo haciendo malabares en la cola, que nos falta sostener el pan con la boca si no fuera demasiado patético).
    Y seguro que estabas estupenda, aunque pesimista. Pero hay días así. Para que luego haya de los otros.
    Me encanta leerte.
    Besos.

  6. Tomo nota de lo del té negro con vainilla, Karmen, que ahora estoy en pruebas. Algunos momentos supermercado han incluido el sujetar la torre de cosas con la barbilla… no te digo más ;-) No sabes cuánto me alegra que te hayas reído…. ¡¡¡y no ser la única!!! jajajaajajja

  7. Pat, este post me ha encantado con comentarios incluidos, una nota de consuelo saber que vamos todas lo mismo de aceleradas por la vida.
    Y que decir del vídeo, la curiosidad me ha hecho pinchar… un tango (ya sabes, que no sé yo que tiene lo argentino que nos ablanda el mal genio), Al.. divino, la verdad, pero como no conocía la película sentía que se me escapaba algo, así que aprovechando los demás títulos he visto la escena completa y entonces he entendido el porqué del gesto.
    Me ha dado rabia porque yo en inglés no valdría ni para hacer el indio, así que me he dicho y si entro en youtube y miro si está la escena doblada al idioma de Cervantes. :-) Ainsss, total que ya puestos he mirado la sinopsis y no me extraña el oscar.
    Ea y aprovechando la sonrisa que se me ha puesto, voy a dedicársela a mi ufesa.
    Un besito, que agradable es hacerte una visita.

  8. Malhena, espero que te fuera leve el momento ufesa. Un beso.

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