Reflexiones

Una historia de geometría

10 Febrero, 2009 · 4 comentarios

Desde pequeños comenzamos a dibujar formas geométricas. Primero no muy geométricas. Después llegan los cuadrados, los rectángulos, los triángulos y los círculos. Primero comenzamos a trazarlos con un lápiz, con un boli, con pinturas de colores, con los pasos que damos.

Nacho y Hugo, tan pequeños como eran, abrieron un círculo. Una figura difícil. Difícil para mí sin una guía. Cuánto más para unos gemelos sietemesinos con poco más de un kilo cada uno.

Me llegó el mensaje al móvil hace algo más de cuatro años. Han nacido los niños de Rosa, pero no la llames. La noticia no era buena. Demasiado pronto. Pero hoy en día, es imposible que no los saquen adelante. No hay nada imposible.

Rosa era joven y sana. No fumaba, no bebía, hasta dejó la coca-cola y el café, temerosa de la cafeína. No entendía por qué a ella. Yo miraba a Pablo. Y me miraba a mí, que no me había cuidado ni la mitad. Y al final todo había ido bien.

Rosa se miraba a ella. Sabía que no era responsable, pero se sentía responsable. Ella también se preguntaba por qué a ella. Y cuando salió de la clínica volvió a sus estudios de Bellas Artes. Y a los antipresivos. Y a escondidas cogía las partidas de nacimiento. Y miraba las huellas de sus manitas. Y le retumbaban en la cabeza las palabras del neonatólogo. Escuchaba la palabra vegetal. La palabra parada cardíaca. La palabra sordo. La palabra infección. Las palabras no lo sabemos. Y doblaba y desdoblaba su ropa. Y se oía a sí misma. Fernando, yo no puedo decidir eso. Hazlo tú. Yo no puedo pedir que lo desconecten.

No hizo falta.

Nacho nació hace dos años y medio, dos meses antes que Miguel, y últimamente, siempre nos damos cita en un Mc Donalds. Sustituyó los antidepresivos de su madre por hamburguesas y juegos en el parque infantil. Y borró la tristeza y las preguntas. Mientras yo me quedaba en la cola pidiendo, escuché a Rosa: “Nacho, este es un triángulo…” y el niño contestaba “equilátero”. Debe ser cierto eso que dicen que los niños de hoy en día nacen sabiendo. Incluso geometría. Y miré a Miguel. Que a duras penas sabía decir patatas. Pero no sabía geometría. Ni siquiera pronunciar triángulo.

Un día conseguimos dejar a los niños colocados, y salimos a cenar con ellos, que también hicieron lo propio. Dos cañas, una coca cola y un mosto! ¿Un mosto? Rosa, ¿ya? Sí, y soy de las tuyas, yo sólo sé hacer niños.

El sábado nació Hugo. Y lo de la geometría debe ser cosa de familia. Porque mientras las cenizas de sus hermanos son ya parte de la sierra de Madrid, de sus sombras, de sus árboles, de su tierra y de su aire, Hugo, tan pequeñito, y sin saberlo, ha cerrado un círculo, al tiempo que abría otro. El de su propia vida.

Escrito en febrero 2008, cuando nació Hugo. Aunque a sus padres nunca se lo he enseñado, lo escribí para ellos.  Un beso

Categorías: Recuerdos · Relatos

4 respuestas hasta el momento ↓

  • quierodormir // 10 Febrero, 2009 a 12:19 pm | Responder

    Creo que el día que decidas enseñárselo, y pienso que debes hacerlo el día que lo creas oportuno, les harás sentir algo inimaginable.
    Me ha emocionado, encantado, sobrecogido… no sé que más palabras decir.

  • karmenjt // 10 Febrero, 2009 a 10:13 pm | Responder

    Es precioso, de verdad. Pero si yo me he emocionado leyéndolo y poniéndome en lugar de tu amiga, no sé si soportaría volver a revivir tanto dolor.
    Y lo que te debió costar escribirlo.

  • malhena // 11 Febrero, 2009 a 2:56 pm | Responder

    Recuerdo este post, qué valientes algunas personas ante la adversidad de la vida.
    Pero… hay que plantarle cara, sino no es vida ni nada. Así que ya sabes, valor y al toro. Qué tienes buen ejemplo de que con constancia todo es posible.
    Un besín.

  • narena // 14 Junio, 2009 a 10:09 pm | Responder

    muy buenoo

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