Hay determinadas personas a las que es muy fácil querer.
Es fácil querer a una persona transparente y equilibrada. A una persona culta y con principios. A una persona de esas que nunca necesitan pedir la palabra, porque hay un algo invisible que avisa a quienes están a su alrededor de que algo increíble está a punto de salir de sus labios.
Es fácil querer a una persona que si no es bonita termina siéndolo. Porque tiene una sonrisa tan limpia que consigue barrer la primera impresión y subjetiviza la belleza.
Es fácil querer a una persona con la que uno puede sentirse seguro, porque tiene los nervios templados. Porque sabe enfrentarse a situaciones difíciles sin perder el control. Porque cuando eres tú quien atraviesa una situación difícil y estás a punto de perder el control la tienes a tu lado, con la mano tendida. Porque sabe defenderse, y defenderte, pero sin herir, ni hacer daño. Y tiene siempre la palabra precisa. Para cada momento y para cada persona.
Es fácil querer a una persona que te hace sentirte permanentemente orgullosa. Porque es creativa. Porque es inteligente. Porque sabe de todo y sabe hablar con criterio, y con humildad, sobre cualquier tema.
Porque es una gran persona.
Es fácil querer a una persona sin dobleces, sin problemas.
Pero querer a una persona así no tiene ningún mérito. Ya lo ves. Es tan fácil.
También hay que trabajar lo difícil.
El querer a quien no es perfecto.
El no hacer juicios. El no poner condiciones.
Yo al menos no quiero hacerlo; quiero dejar la toga en casa.
A mí lo que me pide el cuerpo es tender la mano.
Por si estás a la deriva; tengas como tengas el barco.
Para JBC
Me gusta tu punto de vista. Es cierto que deberíamos querer lo difícil al igual que lo fácil, pues solo así es que crecemos espiritualmente. Esta muy lindo este post.
interesante, ahi reside la sabiduria querer y entender a quien no nos gusta o cae bien
Eres una bella persona.
Gracias a los tres, no siempre lo consigo, pero me encantaría adoptar esta declaración de intenciones como filosofía de vida.