Yo jamás lo había visto, de hecho ni se me había ocurrido pensar que pudiera darse, pero ayer en el metro vi un niño negro albino. Piel completamente blanca, pero rizo pegadito al cuero cabelludo, rubio rubísimo, labios gruesos, nariz ancha, madre negra, hermanos negros.
Lo estuve obsevando intentando ser discreta, y es que desde luego no tengo la oportunidad de contemplar todos los días un capricho de la naturaleza.
Me pregunto qué cara se le quedaría al padre.
Eso sí, los niños serán blancos, negros, rojos, verdes o morados. Albinos o no. Pero todos se enfadan y dan cabezazos cuando su madre les quita la bolsa de gusanitos. Y ayer, en el forcejeo, los gusanitos del niño, por muy albino que fuera, también se cayeron al suelo del vagón, que quedó como la parte trasera de mi coche.
Todos somos diferentes. Todos somos iguales.
