Como locos nos hemos puesto esta tarde Pablo y yo. En el peor sentido de la palabra. Me jode mucho escribir sobre esto, porque al fin y al cabo es mi hijo, y esas reacciones suyas me duelen. Pero no soy ciega, ni tonta como para ser tan parcial y no tener ojos sólo para su mejor cara.
Hubo un tiempo en que fue algo insoportable por continuo, y llegó un momento en que evitaba en lo posible quedarme sola con él, porque no era capaz de controlar la situación. Y cuando nació el pequeño fue mucho peor.
El niño sólo quiere dos cosas -me decía la pediatra- conseguir lo que quiere. (Eso no lo hacía, porque no sabe muy bien lo cabezona que puedo llegar a ser yo, que llevo muchos más años de entrenamiento.) Lo segundo que pretende conseguir con esas reacciones es sacarte de quicio. (Eso vaya si lo conseguía….y lo sabía). Ignóralo. Si ves que puede lastimarse, déjalo apartado en algún lugar donde no haya nada peligroso. No lo regañes, no lo castigues, que no te vea alterada, como si te diera igual.
Me costó mucho autocontrol conseguir que pareciera que me daban igual ciertos comportamientos, pero la verdad es que pasamos de sufrir varias crisis diarias a casi desaparecer. Casi. Y yo me asombraba ante mí misma y mi tranquilidad, y ante el cambio en el niño.
Pero hoy no ha sido uno de esos días. Hoy me he asombrado, pero por verme perder los nervios. Todo empezó por una tontería. No se quería bañar. No había obedecido a Nilda, y no había forma de que dejase el ordenador. Se lo apagué. Se enfurruñó. Su hermano se acercó para jugar y Pablo, que no estaba para nadie, lo empujó y tiró al suelo: castigado a su habitación. Y oí que comenzaba el llanto, los hipos, el vuelo de cosas, y los golpes contra la pared. Entré. El panorama desolador. Todos sus trabajos y dibujos del corcho hechos trizas por los suelos. Todos los zapatos fuera de su sitio, juguetes por todas partes, y ya estaba empezando a vaciar los armarios. Lo saqué de malos modos para llevarlo al pasillo. “Cuando se te pase el berrinche entras a tu habitación, recoges y te bañas”.
Y comenzaron los portazos. Cada vez más fuerte, y más, y más. Y Miguel gritaba aterrorizado. Así que no pude contenerme e ignorar. Fui hecha una furia, no paraba de gritar, le di un bofetón.
Después lo abracé, y acabamos los tres en su cama. Pablo iba calmando su llanto, y mientras yo le acariciaba la cara. Volvimos a poner los nervios en su sitio. Nos pedimos perdón. Pablo recogió la habitación. Está castigado dos días sin tele y sin ordenador. Dice que no le importa, que así lee. Ha cenado bien, y no se ha quejado porque fuera pescado. Ha llevado su plato a la cocina. Ha cogido el libro que ha sacado de la biblioteca del cole, y se ha sentado conmigo en el sillón a leérmelo. “Abracadabra, pata de cabra” de Mira Lobe. ¿Alguien recuerda haber leído La Nariz de Moritz, también de esta autora? Iba de un tipo que era capaz de oler los sentimientos y estados de ánimo: los enfados, la decepción, la furia, el arrepentimiento, la tristeza, el perdón, el amor, la alegría…. Todo eso podría haber olido Moritz en el período de una hora esta tarde en mi casa. Y todo empezó cuando nos pusimos como dos locos.
Octubre 2007
Ahora los enfados vienen y van, pero las formas se han pulido. Ya no vuelan los juguetes por los aires. Ni se oyen portazos.
Step by step
Menos mal que hay días buenos. Ánimo con los malos. Un beso.
Sinceramente, a mí me parece que tu niño está muy adelantado para su edad. Es lector, es capaz de que no le importe un castigo o que piense que lo merece. eS cierto que la rabieta fue desmesurada, pero bueno, yo comparo con lo que tengo en casa. Y mis hijos tampoco se quieren bañar la mayoría de lso días (les dije que un día a la semana pueden,si no les canta el ala), tengo que ir yo y arrastrarles, es cierto que el apagarle el ordenador lo tomó como una agresión y reaccionó desmesuradamente, a mi hijo le pasa lo único uqe no rompe nada ( y que mis hijos se cascan tanto en todos los sentidos que no daría abasto de castigos, no sé cómo hacer).
En fin, que me parece que sabes cómo manejarlos. Nosotros somos nulos, no sabemos castigar, o lo hacemos mal, aunque nuestro hijo se castiga a sí mismo él solo…..