Reflexiones

Levitaciones playeras

5 Agosto, 2008 · 1 comentario

Ayer por fin nos escapamos mi hermana, mi cuñado, mi marido y yo a la playa, sin niños, aprovechando la hora de la siesta y la buena voluntad de mis padres.


Me tumbé al sol, y cinco minutos más tarde ya tenía a mi marido encima “Pat, ¡el agua está buenísima! Venga, ¿por qué no te bañas?” Luego. “Pero es que no la has probado”. Ya, pero ahora quiero descansar un rato. “Estás loca, tú no sabes lo peligroso que es. A las cuatro de la tarde, después de comer, te acabas de fumar un cigarro…. Es… Es… como abrirse las venas en una bañera!!! Que estás a gusto y no te duele nada pero… ” (Claro, es exactamente lo mismo. De hecho debe ser la tercera causa de mortalidad en este país después de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer: muerte placentera causada por el sol de medio día). Te agradezco mucho la preocupación. Si me quedo inconsciente te aviso. (A comentarios absurdos respuestas absurdas).
Por fin conseguimos quitarnos a los hombres de encima pues por suerte llevábamos palas. Así que seguí tumbada al sol. El ruido del mar se llevó lejos las voces de la poca gente que había en la playa, y todo lo demás. Hasta que me quedé allí solo yo. Sola con el mar. Con el sonido de las olas y su vaivén. El sol calentando mi cuerpo y el viento aliviando esa sensación.
Y mi cuerpo comenzó a pesar cada vez menos. Y yo me sentía cada vez más ligera. Tanto que comencé a elevarme por encima de la toalla, y sólo me frenaron las olas en la orilla. Que me llevaban hacia la arena, hacia el mar. Hacia la arena. Hacia el mar.
No se cuánto tiempo duró aquella paz, que sólo dejó en mi toalla un puñado de arena y la babilla de mi placentera siesta, de mi suicidio de placer.

 

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