De hordas infantiles y batallas domésticas

Ayer la tarde fue durilla. Por la tarde estuve en la cama fastidiada porque me había sentado mal la comida, y mi chico se llevó a los enanos a la piscina. Esa fue la mejor parte de la tarde. Para cenar, como yo no tenía ganas, me declaré en huelga y dije: hoy cena libre. Cada uno que se haga lo que quiera. Así que cenaron bocadillos. Por supuesto cenaron con tele, llevo unos días claudicando. Me consolaría mucho saber que los hijos de los demás se desmadran también en vacaciones o si soy yo la única que de tanto dar manga ancha, termina con un niño que, con la excusa de las vacaciones, hace lo que le da la realísima gana.

 

Pablo aún no ha terminado de cenar, y de pronto aparece una cuadrilla de niños que rápidamente toma la terraza, invaden la cocina y no siguen con el resto de la casa porque, sólo de pensar en la posibilidad de que despertaran al pequeño, me hizo reaccionar e impedirles el acceso. Pablo se levantó de la mesa y rápidamente se fue hasta la nevera. Sacó agua para todos, reparto de helados, etc….

Su cena en el plato y los 100.000 niños que no se largaban y no paraban de moverse por todas partes y gritar.

Poco a poco noté cómo se me iba hinchando la yugular, y que iba perdiendo los nervios por momentos. Y cuando la sangre alterada me llegó a la boca empecé con los gritos. Que te he dicho que te sientes a terminar de cenar y que cuando acabes podrás salir. Es que no tengo más hambre. Pues no vengas a decirme a la hora de dormir que quieres comer algo más. Es que quiero un helado. Ni de coña! Te terminas la cena y tomas fruta antes. Al final las hordas infantiles se largaron espantadas por los gritos, Pablo terminó de cenar y yo me sentí fatal por regañarle delante de sus amigos.

Después no quiso salir a jugar porque dijo que sus amigos estaban trepando por las paredes para intentar entrar a una casa y que él no quería, Y que además no sabía trepar. Bueno, siendo así… casi prefiero que estés en casa. Pero estar en casa es sinónimo de tele, así que se acabó el documental que veía su padre y empezamos con Caillou. Poco después nos intentamos ir a la cama, pero el niño que no, que quería ver más tele. Acostaros vosotros. Pues sólo faltaba. Mañana tienes todo el día para ver la tele. Pero para un niño el mañana no existe. Y como ya me quedaba poca paciencia y el tira y afloja no tenía visos de ir a mejorar, terminé aplicando la pena máxima: mañana castigado sin tele.

 

Quizás me precipité, pero un castigo es un castigo. Así que durante la mañana me iré armando de valor para la tarde que me espera de chantaje emocional según salga de trabajar. Hoy habría sido un buen día para hacer horas extra.

 

(Julio 2007)

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Gravatar
Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s