Reflexiones

Una pregunta

29 Julio, 2008 · Dejar un comentario

Ayer, en el autobús, había un señor con una montaña de periódicos que iba hojeando a toda prisa y, como compulsivamente, cuando algo le llamaba la atención arrancaba la página del tirón, la doblaba en dos, y la guardaba. Así, uno tras otro. El Expansión, La Gaceta de los Negocios, Cinco días, y otros que ni me sonaban. Yo iba de pie y me asomé con cierto descaro. Me despertaba curiosidad qué podía estar buscando ese hombre. Porque por más que lo intentaba no conseguía ver nada que me pudiera interesar. Y entonces volví a hacerme la pregunta que tantas veces me he hecho. Si tan poquito me interesa el mundo de la economía y la empresa, ¿por qué demonios estudié yo Administración y Dirección de Empresas?

Pues porque no tenía vocación. Y ya se sabe, que si no sabes lo más socorrido es LADE o Derecho.

Y me hice otra pregunta, otra que me da más miedo, otra de cara a corregir mi error. Y si pudieras ¿qué harías ahora?. Pues no lo sé. Sigo sin saberlo. Sigo a la deriva sin vocación alguna.

La verdad es que soy buena en muchas cosas, pero brillante en nada. Recuerdo mis últimos días de colegio, cuando teníamos la decisión a la vuelta de la esquina. Y todos nos hacíamos preguntas. Me gustaría escribir. Y bueno, digamos que escribo y no cuesta leerme, pero claro, de ahí a vivir de eso… mucho decir. Me gustaba cantar, y tenía buena voz, pero de ahí a vivir de eso… Javier me lo decía, que debería haber seguido con la música. Sé realista Javier, tengo una voz más o menos bonita, soy afinada, pero… Pero ¿qué? Mira a Sabina, será que tiene mucha voz. Ya Javier, pero es que Sabina es un poeta, y crea, y compone, y tiene algo. Y tú. No, yo no. Y al mismo tiempo le miraba con cierta lástima pues él siempre dijo que iba a ser actor. Y yo sabía que no lo iba a conseguir. Pero lo ha conseguido. Supongo que él sí que creía en él, y nunca se tomó su sueño como un sueño sino como una realidad. Y desde su triunfo profesional apenas le he vuelto a ver. Por navidad un SMS. Qué pena.

Y ya fuera del ámbito artístico tampoco es que fuera la típica persona que no sintiera interés por nada, mi problema era el contrario. Me gustaba todo. Y qué dilema, ¿elegir ciencias o letras? Las dos cosas! Así que elegí Literatura y Física y Química. Y al año siguiente de ciencias sólo me quedé con las mates, que por cierto fue la materia con la que di el do de pecho en Selectividad. Y curiosamente también la que menos me había gustado. En filosofía tuve que ser hábil, pues me tocaron a elegir lo únicos dos autores que me había dejado sin estudiar. Ya hay que tener mala suerte: Santo Tomás de Aquino y Marx. Marx me dio mucho miedo. Yo me di mucho miedo, y como no sabía en qué mano caería mi examen decidí que toda la vida en un colegio religioso tendría que haberme servido de algo. Y así fue. Un 8. Historia y Arte bien, un 7 en ambas, Lengua y Comentario de texto bien, un 8 en ambas. Me falló el francés. ¿Pero cómo pude sacar un miserable 6 habiendo estudiado toda la vida en un colegio supuestamente bilingüe? Nota final, con media de BUP y COU: 7,8.

Pude elegir. Pude estudiar cualquier cosa en cualquier sitio. Me gustaba casi todo. ¿Se puede saber por qué entonces fui a elegir una de las pocas cosas que me aburrían hasta la saciedad? ¿Se puede saber por qué toda la orientación que se recibe es de cara a las salidas profesionales? Y aún así, ¿por qué de todas formas elegí lo que elegí?

A lo hecho pecho. Hice mi carrera en una universidad privada, ahí sí, presionada por mi padre. Total para qué, tanto elitismo, tanto prestigio y tanta fama para pasarme cuatro años sin apenas asistir a clase porque el ambiente era de todo menos de lo que yo tenía por universitario. Sin posibilidad de Erasmus. Sin un campus decente. Sin movimientos estudiantiles de carácter social. Sin un periódico. Sin grandes amigos. Nada. No me gustó la carrera, la hice sin pena ni gloria. En sus cuatro años eso sí, con el antiguo Plan Nuevo que tan descerebrado les resultaba a los profesores y tan práctico me parecía a mí, pues un año menos que iba a estar yo allí perdiendo el tiempo.

Mis padres me decían que no me preocupara, que el trabajo era distinto, que era mejor. ¿Mejor?

Cuando después de trabajar en el banco me quedé en el paro volví a hacerme la pregunta. Y a pensar que quizás era mi oportunidad para hacer algo con lo que pudiera disfrutar más. Con los pies muy en el suelo, y sabiendo de antemano que cobrar la prestación por desempleo está muy bien, pero se acaba. Y que no podía permitirme el no aportar un sueldo.

Mi padre me sugirió que me preparara unas oposiciones, Inspectora del Banco de España. Y me ofreció una subvención a fondo perdido. Qué prácticos son los padres. Muchas gracias pero no voy a pasarme los próximos dos años de mi vida encerrada en casa estudiando algo que no me gusta y sin ninguna garantía de conseguir aprobar en ese plazo esa plaza. Y además con la losa de saberme mantenida.

Así que pensé en la enseñanza. Con mi licenciatura podría impartir clases de cualquier asignatura de letras y de matemáticas. Me saqué el CAP en lengua y literatura. Hice las prácticas en el colegio donde había estudiado, y la experiencia me encantó. Y cuando estaba empezando a plantearme opositar me volví a quedar embarazada. Yo siempre muy oportuna. Lo de las oposiciones ya ni pensarlo, así que hice un envío de currículos masivo a colegios privados y concertados de la Comunidad de Madrid. Y no me contestó nadie.

Por lo que al finalizar el tiempo de mi baja por maternidad volví al redil, y aparqué mis planes de cambio de profesión.

Pero afortunadamente de vez en cuando vuelve la pregunta. Y mientras siga ahí la pregunta es posible que acabe apareciendo la respuesta.

 

(Julio 2007)

Hoy, en julio de 2008 sigo sin respuesta… eso significa que continúo con la pregunta….

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